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Poemas por el Día de Los Muertos
(Compilación por Kique Infante)
LA CATRINA
Tu día se llegó-, ¡maldita muerte!
hablando suavemente me lo dijo:
-Despídete por fin del regocijo
de vida que llevaste, ¡mala suerte!-
Inútil el pensar en que despierte
rezando con temor al crucifijo
-Ni pienses en buscar un escondrijo
de todas las maneras va a dolerte.-
Tomándome la mano la Catrina
la sigo y con temor nos retiramos
el rumbo desconozco; por la esquina
pregunta tan feliz, si nos casamos;
de entrada me latió tan mala espina
quizás a lo mejor, nos divorciamos.
La idea no perdamos:
Es mejor el morir con dignidad
que vivir sin creer en la verdad.
Angel Mier
México 2007
CALAVERITA
Iba triste la calaca,
los antigripales no le funcionaban,
iba tiritando la malvada
ni los versos tristes la alegraban,
triste iba la blanca dama descarnada
cuando en su camino se topó,
a un feliz enamorado
que estrenaba nuevo amor,
Le dijo la desalmada;
ven aquí a mis brazos,
fatuo enamorado,
tú de muertes sabes mucho,
me lo han dicho tus amantes despechadas,
déjame acurrucarme entre tus brazos,
cálido y ardiente enamorado,
vengo tiritando por la gripe,
quiero el calor de tus abrazos,
-era tal el falso amor
del ardiente enamorado,
que al ver tan triste a esa dama
la abrazó como abrazaba a cada amor-.
Vive hoy el infiel ardiente
tres metros bajo tierra,
letal neumonía
la calaca le contagió.
Suene o no a moraleja,
cuídense de amores pasajeros,
que la muerte es dama despechada
y sólo contagia vida eterna.
Francisco Lechuga Mejía
México 2007
Día de Los Muertos
La fila fue larga, han venido todos
o casi todos los que te conocían
o solo los que se enteraron de la noticia,
hasta mis amigos estaban ahí, despidiéndose
como última vez, frente a una tumba
que nunca más visitarían, trataban de apoyarme
con buenas intenciones,
mi hermano lloraba borracho
yo alguna yerba me puse en la cabeza,
todos me abrazaban me deseaban buena suerte,
ante la muerte que no era la mía,
como algo que podía ser de ellos
que nadie entendía, mi dolor,
hasta ahora una cicatriz infectada
que trato de curar con alcohol.
Iba yo en el carro, que llevaba el cajón,
mi vieja lloraba al mirarme,
yo miraba la calle y todo era ajeno,
se jugaba el futbol y la fila no se rompía,
quería la compañía de mis amigos,
no la de mi familia
hasta ese día, que las flores muertas
tenían aroma,
aroma irreconocible,
cementerios … eso
cementerios
con ese aroma a flores muertas,
como el hombre del cajón,
que llegaba cada día de el trabajo
y fumaba sus mortales cigarros
y me decía hola hijo.
Undligo
Chile 2008
VICENTE FOX
Estrafalario cowboy,
no pudiste con la carga
y tu esqueleto de larga
al grito de "hoy, hoy, hoy".
En un infernal convoy
-con todo y gabinetazo-
sufrirás el ramalazo
porque, exceptuando el peculio
y el fraude del 2 de julio,
¡fuiste perfecto fracaso!
Felipe Calderón
México 2006
Los Sonetos de La Muerte
(1914)
I
Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.
Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.
Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!
II
Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir...
Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente...
¡y después hablaremos por una eternidad!
Sólo entonces sabrás el por qué no madura,
para las hondas huesas tu carne todavía,
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.
Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;
sabrás que en nuestra alianza signo de astros había
y, roto el pacto enorme, tenías que morir...
III
Malas manos tomaron tu vida desde el día
en que, a una señal de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él...
Y yo dije al Señor: ?«Por las sendas mortales
le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar!
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales
o le hundes en el largo sueño que sabes dar!
»¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad.
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor».
Se detuvo la barca rosa de su vivir...
¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?
¡Tú que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!
Gabriela Mistral
Vicuña, Chile 1889
Hempstead, NY USA -1957
Adiós
Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!
Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!
¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!
¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!
¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
¿de llagas infectas? ¡cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!
¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! ...
Alfonsina Storni
Sala Capriasca, Suiza 1892
Mar del Plata, Argentina 1938
Alfonsina y El Mar
Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más.
Un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda,
Un sendero solo de penas mudas llegó
Hasta la espuma.
Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada en el canto
De las caracolas marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
… La Caracola.
Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuíste a buscar?
Una voz antigüa de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
dormida, Alfonsina vestida … de mar.
Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado.
Bájame la lámpara un poco más
déjame que duerma Nodriza, en paz
Y si llama él no le digas que estoy, dile que,
Alfonsina no vuelve …
Y si llama él
No le digas nunca que estoy
Di que me he ido.
(1969)
Ariel Ramirez (1921) - Santa Fé, Argentina
Félix Luna (1925) - Buenos Aires, Argentina
Trágueme la Muerte
Trágueme la muerte que la vida envidia.
Gózeme esta Tierra que al Sol se desprende.
Bríndenme un Mezcal o solo Caipirihna;
Pero déjenme morir tan elocuentemente.
Que mi pecado hoy sea perdonado.
Que mis historias sigan concebidas
Que tus vecinos cierren las heridas
Que provoqué cuando iba alucinado.
Déjame beber un sorbo de tu estancia
Y recalcitrarme un tanto en tus entrañas netas
Que mis finos logros nos son ya más metas
porque hoy ando impuro y sin elegancia.
Gózeme esta Tierra mientra tenga Vida
Pués la Muerte tendrá mi vida eterna
Hoy será por eso que te canto tanto
Figura agazapada de mi propio santo.
Kique Infante
Columbus OH USA - 2009
Cuando llegaste te fuiste
Se nos venció la cuota de este mes de renta
Y cuándo no tú, sin visitarnos tanto
Hoy la puerta la han golpeado hasta “no basta”
Y tú ya eres historia en la versión correcta.
Una vez te ví, cuando pequeño … un tanto,
De propina recibí lo que te andabas agarrando.
Yo no supe, aún lo que me estaba esperando.
Pero luego comprendí que tu muerte iba llegando.
Hasta que un día llegaste, ni encorvado tanto
Que la gente en la cuadra estaba desubicada
Los años te habían tratado con ansias, sin quebranto
Y tu Doncella de otros años te iba reclamando.
Déjame una herencia … un cuadernito blanco
Progenitor amargo que ni tu vida entiendes
Si no es por celos … por amargo,
Si no es por Ira … en desagravio …
Déjame que te cuente “Padrastro” …
Porque es mejor llamarte así, que si aún tú fueras casto
La vida es ciega, la muerte revierte.
Lo que revierte no vuelve, lo que es ciego, no calza.
Cuando vuelvas por estos lares,
Anda derecho y sin nostalgia
Sin venirte por los arrabales
Y menos con el reloj del año.
Despéjate un tanto de tu hipocresía nata
Garganta de lata, Corazon de siena
Ubicate en el tiempo de tu primogenito errante
Que hoy evoca las lineas de tu vida cesante.
Hoy salgo a la luz para tu entendimiento
Mañana haré un altar sin un advenimiento.
Kique Infante
Columbus OH USA – 2009
Poema Chau Número Tres
Te dejo con tu vida tu trabajo tu gente
con tus puestas de sol y tus amaneceres.
Sembrando tu confianza te dejo junto al mundo
derrotando imposibles segura sin seguro.
Te dejo frente al mar descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas sin mi respuesta rota.
Te dejo sin mis dudas pobres y malheridas
sin mis inmadureces sin mi veteranía.
Pero tampoco creas a pie juntillas todo
no creas nunca creas este falso abandono.
Estaré donde menos lo esperes
por ejemplo en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano horizonte sin horas
en la huella del tacto en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartido en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar de tu sueño en la red
esperando tus ojos y mirándote.
Mario Benedetti
Paso de Los Toros – Tacuarembó, Uruguay 1920
Montevideo, Uruguay 2009
LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema
Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
César Vallejo
Santiago de Chuco – La Libertad, Perú (1892)
París, Francia (1938)
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